LCA y entrenamiento neuromuscular para reducir el riesgo de lesión

Publicado el 08/04/2021
El óptimo funcionamiento del sistema neuromuscular tiene un papel fundamental en el control de la estabilidad articular, aspecto de gran importancia en el fútbol femenino por su relación con la prevención de lesiones, el aumento del rendimiento y la readaptación a la competición tras una lesión.
LCA y entrenamiento neuromuscular para reducir el riesgo de lesión
¡Hola de nuevo! En este artículo os explicamos porqué el entrenamiento neuromuscular es tan importante en el rendimiento y, sobretodo, en la prevención de lesiones tales como la rotura del ligamento cruzado anterior (LCA) en el fútbol femenino.

Empezamos explicando qué es este tipo de trabajo y sus generalidades para después pasar a explicar aspectos explícitos de la mujer futbolista en relación al entrenamiento neuromuscular y qué debemos tener en cuenta para su mejora y contribución en la prevención de lesiones.

¡Allá vamos!


Coactivación muscular

El cuerpo tiene un mecanismo de actuación precoz que contrarresta las perturbaciones inesperadas: la coactivación, una estrategia neuromuscular dirigida por el sistema nervioso central (SNC), el cual planifica los ajustes para reducir las cargas en las estructuras ligamentosas y dar estabilidad a la articulación.
Esta coactivación puede planificarse para estabilizar la rodilla, ya que el SNC tiene la capacidad de almacenar ajustes de acciones previas. Si dichos ajustes se efectúan con rapidez, se reduce considerablemente las cargas en la articulación de la rodilla y se aporta mayor estabilidad a la articulación. Es aquí donde el trabajo neuromuscular coge gran importancia en el entrenamiento.

Para continuar, es importante diferenciar tres conceptos que a menudo mezclamos y confundimos:
  • Propiocepción (bien llamado: sistema sensoriomotor)
  • Control neuromuscular
  • Coordinación neuromuscular

Sistema sensoriomotor

La propiocepción incorpora todos los componentes aferentes, el proceso de integración y procesamiento central y las respuestas eferentes con el objetivo de mantener la estabilidad funcional de la articulación durante los movimientos del cuerpo. Es decir, la función de la propiocepción es detectar variaciones de presión, tensión y longitud de los diferentes tejidos articulares y musculares para contribuir en el mantenimiento de la estabilidad dinámica de la articulación.

Si el sistema sensoriomotor (propiocepción) de la jugadora es capaz de integrar con éxito la vía aferente, la vía de integración y procesamiento de la información y por último la vía eferente, dicha jugadora podrá obtener un buen control neuromuscular durante las acciones deportivas de alta intensidad (por ejemplo la recepción de un salto). Sin embargo, si alguna de estas vías falla, se alterará el control neuromuscular y como consecuencia se alterarán los patrones de movimiento, los cuales están asociados a un mayor riesgo de lesión.


Control y Coordinación Neuromuscular

Por otra parte, el control neuromuscular se define como la activación muscular precisa que posibilita el desarrollo coordinado y eficaz de una acción.
Depende directamente del complejo sistema sensoriomotor (de la propiocepción).

Mientras que la coordinación neuromuscular está definida como la capacidad de controlar y regular el movimiento.
Para conseguir una óptima coordinación neuromuscular será necesario trabajar el control neuromuscular.

Ambas necesitan ser desarrolladas junto a las capacidades de fuerza, resistencia, movilidad articular y capacidad de ROM.

El objetivo en el trabajo con las jugadoras será conseguir la capacidad protectora inconsciente en primer lugar y evolucionar con los ejercicios y tareas hacia un objetivo de rendimiento.


Primero control, después coordinación

Trabajar la base del control neuromuscular será fundamental para poder progresar hacia el entrenamiento de la coordinación neuromuscular. Esta evolución pasa por crear una estrategia de progresión del trabajo de las diferentes habilidades básicas para avanzar hacia las habilidades específicas del deporte. Esto será significativamente importante en la pre-pubertad y adolescencia. Si se consigue realizar un óptimo trabajo neuromuscular orientado a la mejora de la ejecución y de los movimientos biomecánicos en estas etapas de crecimiento y desarrollo, podremos llegar a reducir considerablemente el riesgo de lesión de LCA.

Imagen 1. Recepción tras salto de valla bilateral.


Mujer y trabajo neuromuscular

Las mujeres presentamos mayor déficit propioceptivo, aspecto que provoca alteraciones de la capacidad muscular refleja dejando la rodilla con menor sensibilidad ante fuerzas externas lesivas.
Si a esto le añadimos un déficit en el control neuromuscular y, por lo tanto, una menor capacidad de coactivación muscular concreta para protegerla, dicha articulación se queda más expuesta al riesgo de lesión.
Una posible causa del porqué ocurre, es que con las mujeres se empieza muy tarde a realizar este tipo de entrenamientos. La tendencia siempre ha sido compararnos con los hombres, los cuales tienen un pico de crecimiento más tardío que nosotras. Si con las mujeres se empieza a trabajar la fuerza, entrenamiento neuromuscular, etc. en la edad de pico de crecimiento de los hombres… vamos tarde.


Aspectos a tener en cuenta en la mujer futbolista

Las mujeres presentamos una mayor laxitud articular, aspecto que afecta en el tiempo de reacción. Las mujeres tardamos más (milisegundos) en detectar los cambios de posición articular, hecho que puede provocar que seamos más incapaces de generar la suficiente tensión y activar la musculatura a tiempo para absorber las fuerzas articulares generadas por cargas y perturbaciones externas propias del deporte.
Para ejemplificar este argumento añadimos que las lesiones de LCA se producen entre 17 y 50 milisegundos después del contacto con el suelo, por lo que conseguir un mecanismo de preactivación unido a la capacidad de anticipación de la jugadora será inmensamente importante.

Para contrarrestar este retardo en la coactivación y proteger la articulación ante el déficit de estabilización de la misma, las mujeres presentamos un modelo de activación muscular subconsciente: tenemos una mayor activación de los isquiotibiales, concretamente del bíceps femoral, ante la recepción de un salto. No obstante, este patrón compensatorio puede alterarse con la aparición de la fatiga y producir un fallo en dicha coactivación.

Otro aspecto a tener en cuenta es la activación de la musculatura del tronco. El retardo en la reacción de dicha musculatura ante perturbaciones externas inesperadas puede contribuir a las lesiones de LCA en mujeres.


Conclusiones y orientaciones de entrenamiento

En conclusión, las mujeres presentamos una serie de factores intrínsecos que nos llevan a ser más sensibles ante las lesiones ligamentosas, concretamente la lesión del LCA. El entrenamiento del sistema sensoriomotor, el entrenamiento neuromusclar y el entrenamiento condicional teniendo en cuenta los déficits y las alteraciones biomecánicas propias, serán claves para reducir la incidencia lesiva en las futbolistas.
En este sentido, la variabilidad será un aspecto básico y fundamental en el diseño de las tareas, en especial en el fútbol femenino y otros deportes de situación en los que el entorno es inestable y continuamente cambiante. Además, será importante diseñar tareas en las que consigamos que la jugadora se relacione con su entorno, realizando determinados esfuerzos biomecánicos con el balón y las compañeras-rivales.


Del Coso et al., 2017; Fort y Romero, 2013; Hewett et al., 2012; Fort, 2010


¡Muchas gracias por llegar hasta aquí!
Recuerda que si quieres saber más puedes contactarnos aquí, estaremos encantadas de ayduarte.

Atentas y atentos porque pronto venimos con un nuevo artículo sobre el LCA, esta vez enfocado al entrenamiento multidireccional, muy importante para la prevención de lesiones. ¡No os lo perdáis!
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