La importancia del trabajo antes del pico de crecimiento

Publicado el 06/05/2021
Las mujeres, a lo largo de nuestra vida, experimentamos cambios fisiológicos y anatómicos. Estos cambios nos afectan en el rendimiento y en el riesgo de lesión, sobretodo en el fútbol femenino. Trabajar bien desde la base y en las etapas de formación será clave para minimizar ese riesgo.
La importancia del trabajo antes del pico de crecimiento
Gracias de nuevo por pararos a leernos.
¡Vamos allá!

Uno de los cambios más significativos que experimentamos las mujeres es la primera menstruación (menarquia). Se trata de un factor cíclico que, aunque cada mujer lo vive de manera diferente, puede afectar en nuestro día a día y en nuestro rendimiento deportivo.

Hormonas, menstruación y pubertad

La función del ciclo menstrual es reproductiva y está regulada por el eje hipotálamo-hipófisis-gonadal. Al llegar la pubertad, todo el sistema hormonal se activa y consecuentemente llega la menarquia (primera regla), que es el primer episodio de sangrado vaginal.
Es en este punto cuando aparecen, también, una serie de cambios fisiológicos repetitivos y cíclicos controlados por el sistema hormonal y que tienen una afectación directa en el útero. Es lo que llamamos ciclo menstrual, el cual tiene como objetivo preparar el cuerpo de la mujer para conseguir una gestación, es decir, preparar el organismo para la reproducción.
Este ciclo se repetirá desde la pubertad y a lo largo de muchos años, a excepción de si se produce un embarazo, y hasta la menopausia (fin de la menstruación).
Al inicio, los ciclos suelen ser irregulares, produciéndose la ovulación y la regla unos meses sí y otros no, hasta que poco a poco se vuelven más regulares. A pesar de que habitualmente se hable de ciclos regulares con una duración de 28 días, en realidad se debería hablar de la regularidad de cada mujer.
Durante la pubertad femenina se producen cambios morfológicos en el aparato reproductor pero también cambios físicos, que empiezan a ser evidentes; son los caracteres sexuales secundarios.

Hablemos de los cambios físicos

Algunos de los cambios físicos que experimenta la niña al llegar la primera menstruación son:
  • Incremento de la masa corporal y masa de los huesos.
  • Expansión de la pelvis (mayor amplitud de la pelvis).
  • Incremento regional del tejido adiposo (aumento grasa corporal).
Además, los patrones de crecimiento dan como resultado diferencias significativas en la forma y el tamaño, y el rendimiento difiere entre niñas y niños. Debemos añadir que los cambios en el tamaño y proporción corporal durante la adolescencia tienen un efecto significativo en el rendimiento físico.

Todos estos cambios vienen con la condición de ser mujer y no podemos influir en ellos con el entrenamiento. Además, provocan una alteración en el patrón de movimientos aprendidos. Será aquí y en el trabajo de fuerza donde podremos influir con el entrenamiento.

Algunos puntos clave relacionados con el patrón de movimiento son:
  1. Los cambios en el rendimiento motor dependen de la tarea o el ejercicio realizado.
  2. La maduración determina estos patrones de cambio en el rendimiento motor.
  3. Existe una interacción entre el sexo y la maduración para algunos componentes del desempeño motor.

Estos cambios físicos, la alteración del patrón de movimiento y la coordinación de fuerzas provocan que, al pasar de “niña a mujer”, también se aumenta el riesgo de lesiones tales como:
  • Ligamento cruzado anterior
  • Meniscos
  • Tendón rotuliano
  • Ligamentos laterales
  • Síndrome de dolor patelofemoral.

¿Por qué más lesiones?

Esto viene explicado por lo que se ha visto durante las etapas de crecimiento rápido, es decir, pubertad y postpubertad. En estas etapas se da un mayor momento de aducción de rodilla (mayor movimiento de la rodilla hacia el centro del cuerpo) y un mayor énfasis de los extensores de rodilla para desacelerar/frenar, provocando una insuficiente absorción de fuerzas en el plano sagital.
La combinación de estos factores conlleva una estrategia de aterrizaje basada en el plano frontal para atenuar las fuerzas de impacto que idealmente deberían ser absorbidas por la musculatura de la cadera en el plano sagital. Consecuentemente, la carga que debe asumir la rodilla y el LCA es muy elevada, poniendo en riesgo su propia integridad.

Figura 1. Niña realizando un cambio de dirección con el balón.

De manera resumida y sin tanto tecnicismo, en las etapas de pubertad y postpubertad las chicas llevan sus rodillas hacia dentro mucho más que en cualquier otra etapa de su vida durante los movimientos deportivos. Además, se activa mucho más la musculatura anterior del muslo en comparación con la musculatura posterior (esta es la musculatura que “nos protege” junto a la musculatura de la cadera) en acciones de frenado y aterrizaje. De manera que el LCA y toda la estructura de la rodilla reciben una gran carga extra que pone en peligro su integridad.

Esto nos hace pensar en la importancia de trabajar en la etapa previa a ésta, es decir, en la etapa prepuberal.

¿Cómo trabajar en etapas de formación-prepubertad?

El trabajo en esta etapa es muy importante para conseguir beneficios en las siguientes etapas.

El trabajo a introducir en las etapas de formación son:
  • Habilidades motrices básicas: saltos, giros, diferentes desplazamientos, etc. incidiendo en el buen patrón de movimiento.
  • Fuerza: sin llegar a cargas máximas, con un óptimo aprendizaje técnico, supervisión y con una progresión adecuada en las cargas.
Este trabajo aportará beneficios en las niñas en cuanto a fuerza muscular, coordinación y flexibilidad, además de la mejor relación con la masa grasa y una mayor salud ósea.

Una de las ventajas que tenemos en esta etapa de crecimiento estable es que el momento de aducción de rodilla y la activación de los extensores de rodilla para desacelerar se da en menor medida en comparación con las etapas de pubertad y postpubertad. Por lo que la fuerza, el trabajo neuromuscular y el aprendizaje de patrón motor serán clave en esta etapa prepuberal para conseguir beneficios en las siguientes etapas de crecimiento.


Lloyd R.S. and Oliver J.L., 2020; Smith M. et al., 2018; Solé A. y Salvador C., 2018; Barbieri D. and Zaccagni L., 2013; Sigward S.M. et al., 2011


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